- ¡Cuánto ha cambiado todo! ? Piensa Irene intentando recordar, con cada nota que emerge del piano, en qué momento de sus vidas el amor se transformó en rutina. La costumbre se ha instalado en su hogar. En aquellas zonas que un día eran toma de la ilusión, la alegría, los anhelos y las fantasías. En esa esfera diminuta que pasaron de llamar apartamento a llamarla hogar. El lugar donde decidieron planificar sus sueños. Hoy todo eso es ceniza del recuerdo. El eco de sus risas se transforma en la reserva de sus sentimientos.
Ajeno a toda esa explosión de emociones en el corazón de Irene, John se sumerge en la gaceta dominical. Apenas oye la voz de ella cuando le pregunta si van a salir a cenar esa noche.
- ¿Si??. No me apetece, pero si tu quieres?Palabras que atraviesan el alma de Irene como un cuchillo mal afilado, convirtiendo la ira en dolor.
Una lágrima sale de sus ojos y recorre su cara desolada. Entonces ella comienza a tocar ?Sinfonía para ti?, la obra que compuso inspirada en aquel amor. Cae en una tecla del piano, desentonando la melodía de la misma forma que desafinan ambos en la habitación de algún lugar de Nueva York.