Fueron tus increíbles historias y tus logradas medallas de oro las que motivaron mi espíritu deportivo y mi superación diaria. Las imaginaba guardadas en tu baúl inventado, desordenadas y llenas de polvo.
Cada jueves, después del entrenamiento, me animabas para el partido del domingo. Comentabas los cambios del ?Mister?, lo rápido que era Abraham como delantero o que Iván iría mejor como central en vez de lateral. Tus expectativas en mi eran increíbles y prometiste regalarme una de tus medallas si algún día llegaba a jugar en el Barça.
Aquella tarde no viniste. Otro me esperaba en la puerta del vestuario. Con poco esfuerzo, consiguió reemplazar la fantasía de tus historias por una pastilla diaria por tan solo cien pesetas.
Llegaron más tardes de aquellas. Te obligaba a quedarte en casa, a que no vinieses a los entrenamientos, ni a los partidos del domingo, porque ya lo hacía él.
Fue en la verja del polideportivo donde canjee tus medallas de oro por el fracasado mundo de las drogas.
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Las medallas de oro
@ 2005-12-27 – 21:58:15
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