Aquel día dejamos de ser amigas. No le dimos importancia al peso de nuestra amistad y apenas oímos la débil voz de la reconciliación.
Entre las dos vimos correr el tiempo que todo lo cura o todo lo mata.
Hoy echo de menos nuestras conversaciones en la esquina de la calle, en el borde de tu cama, en el portal de mi casa. Y tu presencia en mi despedida de soltera o cuando lancé el ramo de novia o en el nacimiento de mi hija?
Ahora al cruzarnos por la calle evitamos mirarnos. Quizás para esconder, que entre las patas de gallo, no nos queda valor para intentarlo de nuevo.